ÓRBITA

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La rebelión

Por Patricia Padrón

 

Ahora si que la rebelión de siete Gobernadores contra “el sistema” viene a dar a la nación la esperanza de que no todo está perdido, no solo se mantienen trabajando para mitigar los efectos adversos de la epidemia de COVID-19 en la población, sino que además han formado un bloque sólido que posiciona una agenda política y estratégica que da rumbo, al menos a los estados en los que mandatan.

Los gobernadores rebeldes acordaron solicitar a la Federación que les reintegre los recursos que de manera extraordinaria han destinado para atender la contingencia, los cuales serán empleados para seguir haciendo frente a la crisis sanitaria que enfrenta el país en cada una de sus entidades.

Y es que no se trata de buenos o malos, –aunque los hay malísimos–, sino quienes han tomado las riendas en la implementación de diversas acciones a favor de la población, tan solo en Michoacán, más de 83 medidas fueron tomadas por el Gobierno del Estado desde antes de que se presentara el primer caso y hasta la fecha, lo que le valió a Silvano Aureoles el ser calificado como uno de los mejores gobernadores en el país en el manejo de la epidemia.

Todo va encaminado a que, en la nueva normalidad no se desborde el contagio que de manera sostenida y comunitaria se encuentra en la población, al registrar por miles los casos positivos en la entidad, para lo que la reapertura de actividades deberá ser gradual, medible y con protocolos bien definidos, pero, sobre todo, atendidos por quienes presten algún servicio como por los usuarios.

Los nuevos hábitos de convivencia permanecerán en tanto no haya cura o vacuna para el COVID-19, al ser de alto contagio y tomando en cuenta que el 80 por ciento no presentará síntomas o estos serán leves, la corresponsabilidad social será fundamental para proteger a los grupos vulnerables que son más propensos a morir por complicaciones de la enfermedad.

Algo que debe de quedar muy claro es que, contra la ignorancia se aplica la información y de esa existe un bombardeo sostenido y permanente, pero contra la estupidez humana de quien regresa a la calle sin la más mínima protección porque “no soporta” quedarse en su casa, se arriesga a tener que tener que soportar la pérdida de un ser querido o la propia vida.

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